jueves, 17 de mayo de 2012

Juegos de mayores


Bueno, Adriana ha cumplido un año y medio de vida. Así como el que no quiere la cosa, entre pitos y flautas, son ya 18 meses desde que aquel día 11 de noviembre de 2010 le vimos por primera vez esa carita. En aquel momento, creo que ya lo comenté en su día, con apenas 20 minutos desde que abandonara el vientre materno su expresión era de tranquilidad, de serenidad, de calma chicha en definitiva, como ha quedado de manifiesto en estas últimas fechas.

Su apariencia angelical y sosegada ha ido dejando paso, poco a poco, al torbellino de niña que empieza a ser ya y que comienza a atisbarse a pasos agigantados. Lo de andar ya está más que superado, ahora el objetivo es correr. Los accidentes contra picos de mesa y salientes varios han disminuido considerablemente, y los ha superado, al menos hasta la fecha, sin puntos de sutura.

La capacidad expresiva sí ha sufrido una evolución más que destacable, sobre todo en volumen. Los discursos que se monta son dignos de mención y destacan, por encima de todo, por la variedad de sonidos empleados, como grrruppppppjaaaaffffff o prrriiigggghhtttyyyyyfg. Al margen de esto, hemos sufrido un leve retroceso en el tema “papá” y “mamá” que nos lleva a que ahora tanto papá como mamá sean “mamamá”.

Repetimos cual lorito palabras que escuchamos quién sabe dónde -las últimas son “doctor”, “pulpo” (le tira Villagarcía como no podía ser de otra manera) y un preocupante “ostia” que le escuchó a su padre (mamamá para los amigos)-.

Pero sin duda donde ha experimentado una mayor y más rápida evolución ha sido en los juegos. Las pelotas de plástico, otrora divertidísimas, y el famoso y ruidoso Arca de Noé han dejado paso a los enchufes, los mandos a distancia y los teléfonos móviles, que maneja a su antojo so pena de que alguno acabe como el rosario de la Aurora (los enchufes están protegidos, no os alarméis).

Por lo demás, sigue teniendo una bonita afición, que es vomitar la merienda o cena cuando está sola con papá (mamamá para los amigos) y cuando éste está rozando el agotamiento físico y mental. Le encanta ver la cara de desesperación que cruza su rostro cuando ve, después de una hora cucharada va cucharada viene, todo el esfuerzo por los suelos, literalmente, además de por el pelo, por la hamaca, por la ropa….

En fin, gajes del oficio, nada que un par de exabruptos no pueda solucionar. Os dejo una de sus últimas instantáneas, captada en casa de la tía Bea y en la que puede apreciarse que la danza corre por sus venas. No en vano, su padre (mamamá para los amigos) aún es recordado en los bares y pubs de la zona por su habilidad dancística.

¡¡¡Besos!!!

viernes, 27 de abril de 2012

La madurez


Bueno, regresamos a la actividad con numerosas novedades. Os dejamos en la previa a Semana Santa con los primeros pasos de Adriana y sus frecuentes cabezazos contra todo pico o saliente que se preciara. Pues bien, en este último mes la evolución ha sido frenética, tanto en lo dialéctico como en lo relativo a la movilidad.

Ya no andamos, ya corremos. Ya no balbuceamos, ya largamos discursos antológicos ininteligibles pero perfectamente argumentados y acompañados de sus correspondientes ademanes y enfatizaciones.

En el camino han quedado muchos golpes (y alguno más que caerá, y si no al tiempo) pero por suerte no ha habido que lamentar víctimas ni cicatrices, más allá de algún que otro chichón y alguna lagrimilla.

Con respecto al lenguaje, hemos adoptado un sinfín de nuevos fonemas y ya respondemos a algunas cuestiones básicas, destacando por encima de todo la expresión "anda, anda, anda" que ha interiorizado y repite constantemente, eso sí, a grito pelaó.

La pichona empieza a dejar de ser un bebé y ya es toda una niña.

lunes, 2 de abril de 2012

Psssstttt, que ya ando!

Hola a todos/as, no quiero robaros mucho tiempo, sólo informaros de que, desde hace unos días, ya se me puede calificar como persona andarina. Aún me esnafro de vez en cuando, siempre de cabeza, pero ya le voy cogiendo el truquillo. La maltrecha espalda de papá puede dar fe de ello.

Hale, mañana me llevan a Villagarcía, a seguir practicando en tierras galegas entre pulpos, berberechos, albariños y demás manjares del norte. Ya os contaremos a la vuelta.

¡Feliz Semana Santa!

jueves, 8 de marzo de 2012

Juguetes, cacharros y otras zarandajas

A veces sucede que los esfuerzos más titánicos no tienen el efecto deseado. Ocurre en ocasiones que las pequeñas cosas son mucho más valoradas que las grandes gestas. Desde hace unas semanas tengo algo abandonado este espacio, no por gusto, sino porque mis compromisos laborales me tienen absorto y embebido al cien por ciento. El objetivo, poder amasar capital para darle a la pequeña Adriana todo aquello que requiera y necesite (sin caer en caprichismos, que para eso ya están los abus y/o yayos.

Una parte considerable del salario logrado con el sudor de mi frente y a base de dejarme planas las falanges de los dedos de tanto teclear va a parar a financiar el ocio/entretenimiento didáctico/despertar de los sentidos de la pequeña criatura. Es decir, en adquirir un sinfín de juguetes, mecanismos, cacharros de todo tipo que contribuyen, según los expertos en pediatría y desarrollo psicomotriz y cognitivo, al correcto progreso de nuestro bebé.

La oferta es inabarcable: correpasillos con mil botones y lucecitas y hasta diez presintonías distintas, machaconas todas ellas e insufribles a más no poder; arcas de Noé con sonidos de animales, muy didáctico y educativo, sobre todo si pretendes enseñarle al pequeño cómo descalabrar al gato con sus figuras extraíbles; gimnasios de 3 x 3 metros que incluyen todo tipo de atracciones y posibilidades;  muñecas y muñecos de toda clase, raza, etnia y género (algunos por determinar, como Falete) que emiten un agradable repertorio de quejidos, llantos y lamentos como si los del propio ser humano a escala que juega con ellos no fueran suficiente…. Como digo, el abanico de posibilidades es enorme y, of course, requiere de un dispendio económico considerable.

Pues bien, después de que los progenitores nos volvamos locos buscando los juguetes más adecuados para nuestro retoño, después de no escatimar en gastos para estimular sus sentidos, después de consultar a los expertos más reputados de Toys "R" Us y El Corte Inglés….después de todo ello, a la niña le da por jugar todo el santo día con una pelota de plástico aplastá. Ni arcas de Noé, ni correpasillos, ni gimnasios, ni Dora la Exploradora, ni ostias en vinagre. Lo más divertido para ella es una pelota hecha un ovillo que no rueda, no vota ni hace nada. Échale huevos al asunto. El tema es tan serio que hasta duerme con ella (ver imagen) y le provoca una hilaridad brutal verla girar sobre su propio eje. Están locos estos enanos.

lunes, 20 de febrero de 2012

Correr es de cobardes (y andar también)

He decidido de 'motu proprio' que voy a retrasar un poco más eso de andar. He intentado mantenerme erguida sobre las piernas alguna que otra vez, pero es demasiado cansado y me cuesta mantener el equilibrio. Normalmente termino cayendo de culo sobre el pañal (cuando está limpio mola, pero cuando no….) o yéndome de bruces contra la mesa, así que he tomado la determinación de aplazar un tiempo los sucesivos intentos.

De momento, para no ahondar en la inquietud de mis papás, me limitaré a mantenerme de pie sujetada a alguna superficie estable y a sonreir, que sé que les mola. Si eso dentro de un tiempo me lanzaré, pero ahora he decidido que gatear es más rápido, más cómodo y mucho menos cansado. Además, así sigo los pasos de papá, que a perro no le gana nadie, según me han contado los abuelos.

¡Beso!

miércoles, 8 de febrero de 2012

Papapá, mamamá

Adriana ya habla. Bueno, eso cree ella. En las últimas semanas, mientras su padre se ha mantenido ocupado y preocupado con temas laborales, financieros y de diversa índole, ella se ha dedicado a aprovechar el tiempo para ensayar fonética y canto coral. 

De hecho, hemos perfeccionado de manera notable la pronunciación del término "agua" hasta límites insospechados, e incluso hacemos asociación directa entre el término y su significado, eso sí, referido a todo aquello que sea de naturaleza líquida.

En otro orden de cosas, seguimos incidiendo en el tema "Papá" y "Mamá". De momento, hemos hecho avances más que reseñables, aunque nos sigue costando reducirlo a dos sílabas, de forma que estamos encallados en "Papapá" y "Mamamá". Peros estamos trabajando en ello.

Lo que ya hemos logrado implementar y asimilar de forma cuasi absoluta es el cante jondo, prueba irrefutable de que muda, lo que se dice muda, no es la niña, no.

Más avances de las últimas semanas, para vuestra información. Hemos aprendido a dar besos, sin ninguna emoción, dicho sea de paso, y a dar golpecitos en la espalda de papá en plan "qué pasa colega".
Lo que de momento no hacemos, más que nada porque es muy cansado, es eso de andar. Nos conformamos con quedarnos de pie sujetadas a la mesa e ir desplazándonos por el borde de la misma tirando al suelo todo lo que se halle a nuestro alcance. Ah, tenemos un correpasillos (cortesía de los abuelos) al que de momento sólo hemos encontrado la gracia por la multitud de botones que incluye y la variedad de sonidos que emite. Pero de movernos con él, nada de nada. Seguiremos informando.


(Nota del autor: el presente artículo está redactado en plural mayestático. El abajo firmante ya sabe hablar, más o menos, y de vez en cuando camina, aunque lo justo y necesario). 

viernes, 20 de enero de 2012

Confabulaciones judeomasónicas

Es un momento duro para los padres, y no sólo por lo que supone para el bolsillo, que también. El momento de llevar a tu pequeño a la guardería tiene, como casi todo en este mundillo de la paternidad, una doble lectura.

Resulta agónico dejar a esa criatura indefensa en manos de extraños y extrañas, que a saber cómo le cambian el pañal, qué le dan de comer y cómo me la asean. Yo no me fío un pelo de sus titulaciones, sus dibujitos de colores en las paredes y sus eternas sonrisas. Seguro que esconden algún plan maquiavélico y me la hacen del Madrid.

A ello se une la mirada de tu niña cuando la dejas allí, en mitad de una docena de niños y niñas berreantes y llorones que gritan a moco tendido. Ella te mira con cara de "¿te he hecho algo en esta u otra vida para que me dejes aquí sola con estos inmaduros?" y te mantiene la mirada fija, desafiante, mientras te alejas. El sentimiento de culpa por el abandono momentáneo de tus responsabilidades es indescriptible. Y encima hay que pagar por ello, tiene bemoles la cosa.
Con el tiempo, te das cuenta de que, en realidad, las guarderías no son  esos lugares divertidos y amenos donde profesionales de la educación infantil potencian las capacidades cognitivas y psicomotrices de nuestros hijos. No no. A ti te dicen que los pequeños juegan, cantan 'Bety the cow', se disfrazan y gatean/corretean (en función de edad y nivel de espabilamiento) por sus modernísimas y homologadas instalaciones.

Pero en realidad, forman parte de un experimento a nivel mundial en estrecha colaboración con las grandes compañías farmacéuticas sin escrúpulos. Tú dejas al niño sano y te lo devuelven con 39 de fiebre. "Eso es normal durante el primer año", te dicen, e intentan disfrazarlo, con la complicidad del pediatra, que yo lo sé, de naturalidad. "Ha estado bien toda la mañana, pero justo ahora se acaba de poner malita", te sueltan, en plan "hala, menuda nochecita vas a pasar hoy ¿eh?, que lo disfrutes".

Hables con quien hables, todos te repiten el mismo argumento, como portavoces de una misma confabulación judeomasónica que intenta convencerte de que es normal que tu niña encadene en cuestión de un mes otitis, faringitis, bronquiolitis y un sinfín de 'itis' y virus de indeterminada procedencia que te garantizan horas y horas de insomnio.

Detrás de todo ello, que no os quepa la menor duda, están los responsables de Apiretal y Dalsy (espacio no patrocinado, regalo promocional por el cariño que os tengo).

En conclusión, las guarderías o escuelas infantiles son lugares tenebrosos donde te roban 350 al mes (comida y chándal espantoso incluidos) a cambio de devolverte a tu hija convertida en una menestra de virus e infecciones de diversa tipología. Luego no digáis que no os he avisado.