No importa, papá. No importa si has tenido un mal día en el trabajo y estás de mal humor. No importa si me gritas sin motivo aparente, porque estás cansado y no puedes más. No importa si no quieres jugar conmigo, ni que estés ahí sentado con cara de pocos amigos mientras me bañas.
No importa que montes en cólera si tardo más de la cuenta en comer, o que frunzas el ceño si te pregunto cualquier cosa inoportuna. No importa que blasfemes, que jures en arameo o que maldigas una y otra vez tu suerte por no tener tiempo para nada.
No importa, nada importa, porque te quiero y el amor de un hijo no atiende a razones.
lunes, 15 de septiembre de 2014
martes, 19 de agosto de 2014
Diferencias
Hace unos días, un familiar (sin hijos, claro) me preguntó
por qué había abandonado la terapéutica actualización de este blog. Mi
respuesta fue que ya no tenía nada sobre lo que escribir. Meditando sobre esto,
he llegado a la conclusión de que no es del todo cierto. Las peripecias, las
experiencias, los denodados intentos por comprender la mente del infante siguen
ahí, intactas. Lo que ocurre es que a determinadas alturas de la paternidad, la
anestesia que uno padece es tal que todo se normaliza y se contextualiza de tal
forma que se le resta importancia y emotividad al día a día.
Bien, Nacho llegó a nuestras vidas hace ahora justo diez
meses. Voy a intentar describir brevemente en este post las diferencias y
similitudes halladas entre un bebé hembra y un bebé macho, que no son pocas.
Para empezar, no es que el niño sea más activo, más inquieto
o más curioso, no. Lo que ocurre es que el niño está como una puta cabra mocha,
y que me perdonen los puristas. Grita, patalea, se arrastra por el suelo como
una lagartija (no gatea, eso requiere mucho esfuerzo, ha salido al padre),
brama, te araña, te golpea si es menester. Mi suegra le llama terrorista
chiita, pero dudo yo que muchos chiitas hayan presenciado semejantes torturas.
Come, eso sí. Pero come cuando le apetece, no cuando tú le
digas. Come, sí, pero eso siempre que aciertes con la cuchara en su implacable
lucha por rematar de cabeza cada acercamiento del cubierto a la boca. Lo ideal
es que un progenitor le inmovilice con movimientos de yudo mientras el otro
blande la cuchara e intenta que un porcentaje superior al 60% del plato acabe
en el estómago. El resto, irremediablemente, acabará a partes iguales en las
paredes y en el pelo y/o ropajes de los padres.
Duerme como un lirón, semejanza que cabe resaltar con su
hermana. Pero aún en esto, hay diferencias. Mientras que Adriana, alías La Bendita , caía en brazos de
Morfeo sin contemplaciones, Nacho pelea, Nacho llora, Nacho grita, Nacho se
lamenta de su suerte por verse “obligado” y “arrastrado” a la inmisericorde
labor de….. comer, dormir y cagar.
El baño, otrora momento de relajación y esparcimiento con
Adri, se convierte en este caso en una pelea entre el hombre y la fiera en
aguas amazónicas. Normalmente gana la fiera.
En definitiva, amigos míos mis amigos, esto es otro mundo. Dicho
lo cual miradle, y decidme si no es entrañable, si no es achuchable y besable. Mirad
esa cara demoníaca y angelical a partes iguales y acordaos de mí cuando ya no
esté.
lunes, 17 de marzo de 2014
La llave de tu vida
Ser padre es maravilloso. Sí. Es una experiencia única que
todo hombre debería experimentar. También. No hay nada comparable a la sensación
de tener en tus brazos por primera vez a tu vástago. Obvio.
Lo que nadie cuenta de tan maravillosa aventura es la parte
negativa. Y no, no hablo de la falta de sueño, ni de la rutina de cambiar
pañales, ni siquiera de las rabietas, los vómitos provocados, los pulsos que te
hacen despertar instintos homicidas….. No es nada de esto, porque todo esto en
general forma parte de la mágica experiencia de la paternidad.
Lo que nadie os cuenta y nadie os contará jamás, futuros
padres, es la enorme cicatriz que cada paternidad deja dentro de vosotros. Y me
explico antes de que me soltéis a los perros. Un hijo viene al mundo con un
claro cometido: llevar a cabo una contundente catarsis en las vidas de sus
progenitores que les haga resetear lo que han sido y les instale un nuevo
sistema operativo que tenga como único objetivo garantiza su bienestar y su
seguridad. Nada importa si antes has sido un apuesto adonis, un prolífico
artista, un elegante mediocentro ofensivo o simplemente un afamado cierrabares
al borde de la cirrosis. Nada importa lo que has hecho antes, lo que has
intentado ser o lo que has intentado dejar de ser. Nada importa porque ahora
eres padre, solo padre y nada más que padre.
Sé que vuestros colegas que ya han pasado por esto os dirán
que todo es cuestión de tiempo, de amoldarse, de esforzarse por retomar
amistades y rutinas pretéritas…. Mentira. Cuando llegan a sus casas, ellos
también son padres, solo padres y nada más que padres.
Leí hace poco en un blog mucho más didáctico que este (donde
va a parar) que un hijo nace con la gorra de chófer, se sube al coche de tu
vida y lo aparca en un parking, guardando la llave en su corazón, a buen
recaudo, con la promesa de devolvértela cuando tú le entregues la llave de su
propia vida.
Preciosa metáfora que ilustra a las mil maravillas lo que
esto supone, y que no es otra cosa que la anulación (espero que temporal) casi
por completo de todo lo que has intentado ser en la vida. Nada es compatible
con ser padre. O se es padre o se es abogado, o se es padre o se es periodista,
o se es padre o se es médico, o se es padre o se es crápula…. Seas lo que seas,
si eres padre, no serás nada más, por mucho que te empeñes en intentar
demostrarte a ti mismo y al resto del mundo que puedes hacerlo.
Luchamos, lucho, por intentar mantener a flote a la persona
que fui, la que me costó años y años moldear, la que me costó años y años
diseñar, pero es inútil, no tiene sentido. Soy y seré lo que Adriana y Nacho
quieran que sea, o al menos durante el tiempo que ellos quieran que sea. Después,
cuando me devuelvan la llave de mi vida, quizá sea tarde y no arranque. O quizá
simplemente necesite una revisión. Mientras tanto, no tengo otra opción que ser
padre. Y en ello estamos.
martes, 16 de julio de 2013
Cambios
Tres meses exactos sin escribir y sin actualizar este
modesto blog dan para mucho. En primer lugar, dan para que Adriana, la
verdadera y primigenia protagonista de esta experiencia bloguística, se haya
convertido en una niña de los pies a la cabeza. Y dan también para que su
futuro hermano, Nacho, se haya erigido ya en todo un proyecto de hombrecito a
juzgar por lo que se aprecia en las ecos.
Dado que me sabe mal como padre privar a Adriana de este
espacio que nació como suyo en detrimento de su futuro hermano, y dado a su vez
que la opción de crear un segundo blog se me antoja tan ardua como innecesaria,
he decidido que a partir de este momento Peripecias de un Padre aunará en un
mismo concepto ambas experiencias. Es decir, que desde el momento en el que
Nacho vea la luz, comenzaré a relatar en este espacio a modo de comparativa los
pormenores de los primeros meses del pequeño, enfrentándolos a aquellos que
padecí como padre primerizo.
Esto, no obstante, sin menoscabo de que pueda continuar
relatando los sinsabores de esta cruz que tengo como padre y marido.
De hecho, aprovecho la ocasión para lanzar un aviso a
aquellos padres primerizos que se estén planteando la opción de repetir
martirio chino: si la concepción de un cuarto miembro de la familia conlleva
algún tipo de daño colateral del tipo reforma en casa, adquisición de
mobiliario o sustitución del existente, hacedlo innegociablemente antes de que
la futura madre se convierta en una noria hormonal (si es que en algún momento
del embarazo deja de serlo). Vuestra salud mental os lo agradecerá.
Dicho esto, os dejo una de las últimas instantáneas tomadas
a Adri, para que veáis que, diga uno lo que diga y blasfeme uno lo que
blasfeme, esto es lo mejor que te puede pasar en la vida. Salvo que el Atleti
gane la Champions ….
Bueno ahí ahí……
martes, 16 de abril de 2013
Éramos pocos…..
Traer a un niño a este mundo con la que está cayendo es una
temeridad. Traer a dos es un suicidio. Pues bien, en un alarde de autoinmolación
paternal, la orgullosa mamá de Adriana y el que suscribe, su no menos orgulloso
padre, queremos anunciaros que viene en camino (Dios mediante) un nuevo miembro
a la familia Rubio-Gutiérrez.
Tentado me hallo de cambiar el nombre a este blog por el de “Peripecias
de un padre inconsciente”, pero no, lo dejaré tal cual, aunque el protagonismo
en el futuro será compartido entre el pichón y el futuro polluelo.
Sobre el nuevo inquilino del vientre materno pocos datos
podemos daros. Semana 13 de gestación, todo en orden por el momento salvo la
madre que está hecha unos zorros, y aún por descubrir el sexo de la criatura
(muchas posibilidades de que sea un retoño).
Seguiremos informando….
lunes, 4 de febrero de 2013
¡¡¡Artista!!!
Mi hija es la más lista. No, no es un tópico, es la verdad.
Nada de eso de que para los padres sus hijos siempre son los mejores, en mi
caso es cierto e irrefutable. A ver si no cómo explicáis que con sólo dos
añitos sea capaz de cantar el himno del Atleti con esa entonación casi
perfecta. Los pelos como escarpias.
Al margen de esto, su capacidad artística es ilimitada. Lo
mismo se pinta el ojo de verde con un rotulador como te llena una mesa de
pegatinas o te planta las suelas de los zapatos en la pared blanca al más puro
estilo “street art”.
Pero sin duda, lo más sorprendente y llamativo es su
potencial como futura cantaora. Un vibrato al alcance de pocos, una capacidad
para pasar del grave al agudo sin parangón, una interpretación sublime y una lírica
capaz de emocionar al más pintado. Y si no me creéis, mirad, mirad…..
martes, 11 de diciembre de 2012
Juré que nunca lo haría
Desde que tuvimos noticia del embarazo y la próxima llegada
a nuestras vidas de Adriana, me prometí que yo nunca caería en esto. Veía a
otros padres perder el control de sus actos en determinadas situaciones y
terminar haciéndolo, pero yo me juré y me perjuré que nunca me pasaría, que jamás
le haría a mi pequeña pasar por esto.
Es difícil controlar algunas situaciones de nuestras vidas
que nos sobrevienen de repente y apenas podemos asumir y asimilar. Conceptos y
comportamientos que pensamos que nunca tendremos y que jamás focalizaremos
hacia nuestros pequeños, nos sorprenden de repente y terminamos pagándolo con
ellos, sometiéndoles a situaciones como ésta que son dramáticas en definitiva.
No es justo, no es lícito y, por supuesto, no es bueno para
ellos. Yo bramaba a los cuatro vientos cuando veía a otros padres hacerlo. Les
criticaba, les odiaba por ello. Ahora, me he convertido en uno de ellos. Sí, yo
también he caído. A mi también me ha pasado. A Adriana le gusta Bob Esponja.
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